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Descripción de la raza |
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En efecto… Usted se interesa por un acompañante
imponente y afectivo, por un amigo fiel así como vigilante y cariñoso
protector de sus hijos, este es el terranova. A la isla de Terranova,
una isla estéril, azotada por el Atlántico y situada ante la costa
nororiental de Norteamérica, le debe el terranova su nombre. Los
nativos allí vivían de la pesca y debían luchar contra un naturaleza
árida, a menudo enemiga. A su lado estuvieron perros, a los que no les
afectaba el agua, la nieve o el hielo cuando se trataba de extender la
redes de los pescadores. Esto explica porqué el terranova aún hoy nada
y bucea con gran pasión como si gracias a su fuerza, resistencia y
superación de las condiciones meteorológicas fuera un verdadero perro
de trabajo. Se ha hecho famoso por su ímpetu de salvamento.
Son muchos los náufragos que deben su vida a un terranova. El Terranova
consta como una raza canina muy vieja, cuyas raíces se pierden en la
oscuridad de la historia. Se cree con seguridad, sin embargo, que el
tipo insular original criado por los nativos de Terranova se mezcló con
los perros traídos por los navegantes y colonos europeos a partir de lo
cual se desarrollaron terranovas negros y (más raramente) marrones
formando un base genética muy estable. A principios del S. XIX fueron
introducidos dichos perros en Europa a través de Inglaterra y Francia.
Un perro imponente, enorme y fuerte que despierta la impresión de un
perro inteligente que se desplaza con facilidad e ímpetu. Cuenta con
una cabeza expresiva y noble con stop de fuerza media, tallado en forma
de almendra, ojos marrón oscuro con expresión amable. Su espalda ancha
y plana con grupa bellamente redondeada y su pecho hondo y ancho
contribuyen esencialmente a una impresión general de armonía. Además
de unos cuartos delanteros correctamente sentados y unos cuartos
traseros de arco bien definido. El pelaje es liso y largo, los cuartos
delanteros bien acolchados, los traseros abundantemente peludos. Hoy en
día se conocen tres variantes de color: negro, marrón castaño y
blanco-negro. La altura de los hombros del macho mide por regla de 65 a
75 cm., en las hembras de 62 a 70 cm. Los huesos extraordinariamente
robustos, el relieve de la cabeza, así como el espeso pelaje otorgan a
este perro un aspecto parecido al de un oso. El "Neufundländer-Klub für den
Kontinent" fundado en Alemania en 1893 comenzó a crear un registro
pecuario. El registro que resultó del mismo, con sus miembros, amigos y
criaderos ha conducido al actual registro pecuario y se ha planteado
como labor desarrollar y expandir esta noble raza canina. En este tiempo
se ha creado en Alemania un nuevo club de terranovas, el llamado VND
e.V. El carácter del terranova es cariñoso,
tranquilo y equilibrado. Todo su amor lo regala a su dueño y familia, a
quienes sirve con gran apego y fidelidad, y se destaca especialmente por
su cuidado de los pequeños niños. Su inteligencia y vivacidad le
proporcionan respeto dentro de su entorno. Frente a otros perros es pacífico,
aunque dispuesto a defenderse en caso de ser atacado. El terranova es
considerado por ello y con razón como un “aristocrático entre los
perros”. Pero, ¿es que este perro sólo tiene buenas cualidades y
ninguna mala? Podría preguntarse algún lector. Seguro que existen
también terranovas cuyo carácter deje que desear. Pero es más bien
extraño que nazca un perro de esta raza con mala predisposición; en la
mayoría de casos el problema radica en una mala crianza y cuidado que
puedan conducir a crearle un mal carácter. Un viejo proverbio dice:
“Como el dueño, así su vasallo”. Quien se decida por un terranova
deberá convencerse primero de que posee los presupuestos necesarios
para el mantenimiento de este perro. Las personas nerviosas, irritables
o irascibles no son buenas compañeras para estos perros. Sólo donde
exista amor verdadero a los animales y entendimiento para los requisitos
que esta cría conlleva, allí se cumplirán las condiciones óptimas
para que el señor (o familia) y su perro sean felices. El “oso”
entre los perros no es un peleón o mordedor, ni un atacante. Pero en
caso de peligro, que éste sabe reconocer bien y enseguida, estará
siempre dispuesto a proteger a los suyos. Siempre se esforzará a
repartir justamente su apego a todos los miembros de la familia, y hacia
los niños desarrolla una especial inclinación. Si alguna vez alguien
puede llamar a un terranova como el suyo, podrá sentir el profundo
valor que tiene viajar por la vida con un camarada canino como éste. La crianza de un terranova es, gracias a su
inteligencia y rápida compresión de las cosas, relativamente sencillo.
Para un perro tan fuerte e imponente se entiende de por sí la necesidad
de trasmitirle un mínimo en educación, “Consecuencia y regularidad
son los pilares para una convivencia armónica entre perro y hombre”.
Para el mantenimiento del terranova se necesita espacio. Corriendo libre
por “su” terreno o en la casa, en el caso de que deba de quedarse
alguna vez solo, se sentirá más a gusto que en la perrera. Esto
excluirá por tanto su tenencia en una pequeña vivienda de pisos. Él
necesita movimiento, aire fresco, viento, lluvia y sol, aunque de este
último no excesivamente. En verano deberá buscársele un puesto
a la sombra resguardado del sol. El contacto duradero, el
“estar ahí”, aun cuando sólo sea con la vista, es lo más
importante para el perro. La mayor alegría que se le puede ofrecer es
cuando al darle un largo paseo se le ofrece la oportunidad de nadar y
bucear. Qué... ¿le hemos despertado la curiosidad de conocer de más
cerca al terranova? Infórmese a través de los criadores en las
exposiciones o participe en alguno de los muchos encuentros, excursiones
y actividades. A la hora de comprar un terranova ponga especial atención en el árbol genealógico y pertenencia a un club canino de raza, pues este documenta la limpieza de raza del perro y el origen de un criador o perrera controlados según estrictos puntos de vista. Visite alguna vez un criadero, infórmese ampliamente a través de nuevas lecturas sobre el mantenimiento, cuidado, crianza y alimentación – hasta que usted mismo y su familia se conviertan en propietarios de uno de estos “osos”. Entonces Vd. dirá con nosotros: Un terranova... ¡qué sino! |
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