Descripción de la raza

El Scottish es un Terrier en

superlativo. Su personalidad independiente, es una mezcla de fidelidad y malicia. Posee una reputación de perro un poco difícil, sobrio en afecto y en energía, un poco "lunático". A veces es un poco exigente con sus amistades. Es testarudo, desenvuelto, snob y con mucho humor se burla de sus dueños y juega artísticamente con su paciencia y su afecto. Sin embargo, es un perro muy apegado a aquél que sabe tener carácter y que no se siente desbordado por sus facetas que, ha menudo, rayan en la arrogancia. Su capacidad de resistirse a las órdenes, a desobedecer cuando ha entendido perfectamente lo que queremos de él, constituye su encanto. El Scottish acostumbra a dejar un recuerdo inolvidable a su alrededor, los aficionados son en su mayoría gente que ya conoce al Scottish o que conoce su entorno.

Más o menos extrovertido, no es un perro tierno, que espere ser acariciado y que solicite atención constantemente. Vive su vida, pero siempre alerta de lo que ocurre a su alrededor. Esta independencia posee sus ventajas cuando se trata de dejarlo solo un momento. No se desesperará cuando compruebe que no tiene a nadie alrededor, sin embargo debemos acostumbrarlo, es decir, que sepa que sus dueños se ausentan, pero que volverán. A su vuelta, el Scottish no es de los que se precipiten, si está contento mueve la cola.

Es más bien un perro de ciudad, pero no ha perdido nada de su rusticidad y puede ser un imbatible excavador que plante cara a topos, ratas y ratones, haciendo honor a su naturaleza de Terrier. En la casa es un verdadero pequeño burgués apegado a su confort y costumbres. Una vez que consigamos colocarlo en su lugar, el Scottish no será un perro difícil.
Sólo prodiga su simpatía con sus más íntimos conocidos, en caso de encontrarse con extraños , incluso niños, puede mostrarse desde desconfiado hasta agresivo. Es juguetón con los niños si ha crecido a su lado. Hay que tener cuidado en los encuentros con otros perros, ya que se enfrenta incluso a perros más grandes que él. Como guardián no le intimida nadie y sabe disuadir a los visitantes, pero hay que reconocer que por muy disuasivo de sea nunca resultará peligroso. No es ladrador.
El Scottish es usado en Europa en varias especialidades como la caza bajo tierra, para la cual está bien dotado: patas cortas y mandíbulas de acero. Algunos aficionados se dedican actualmente a hacerle reencontrar su pasión primitiva. También puede ser usado para descubrir al jabalí a través de caminos llenos de maleza, interceptándolo sin recibir sus golpes; las experiencias actuales son muy prometedoras.

Cuidados

Hay que
destancar que la imagen del Scottish es la de un perro muy clásico al que no le sentaría bien una silueta enmarañada. Se le debe cepillar dos veces por semana (según su actividad física) y además necesita de un arreglo regular cada dos meses, por un especialista en trimming, indispensable para que conserve su silueta. Se le debe bañar lo menos posible (cada trimestre) y utilizar preferentemente champús secos. Los ejemplares de exposición requieren mucho más tiempo para su arreglo.
El Scottish, es un perro muy rústico y sólido que goza de buena salud. Algunos perros jóvenes pueden sufrir de calambres musculares. El perro se queda rígido e incluso puede caerse. Estos calambres, bastante espectaculares y dolorosos, desaparecen al cabo de unos minutos; tienen tendencia a desaparecer con la edad. Es una afección de carácter hereditario.
Hay que tomar en cuenta se tiene que recurrir a la cesárea por su particular morfología, el nacimiento es a menudo difícil. Así que su reproducción no se puede tomar a la ligera sin conocimiento de causa. Tiene un promedio de vida de 10 a 14 años aproximadamente.


 

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